Mi padre sufre accidentes caseros, ¿cómo lo ayudo?
Desde ya que buena parte de estas desgracias son previsibles.
Cuando una vieja amiga de la familia nos llamó para contarnos que se había fracturado la pierna al tropezar con la alfombrita del living, lo primero que se me ocurrió decirle fue: “usted no es para nada original”.
Son tantos los accidentes que provocan las lindas, queribles y mullidas alfombritas, que si no encontramos la forma de reemplazarlas, empezarán a venderlas con muletas sin cargo.
En la actualidad ya los deditos de los niños en el enchufe no son un problema, por todos los protectores que se utilizan, pero cuando yo era chiquita no sólo no había, sino que… no contaban con mi astucia, como decía el Chavo.
Tendría poco más de tres años y estaba en cama con gripe; como bien sabemos, el reposo no es buen consejero para los niños. Mi madre se había sentado a tejer junto a mí, y cuando entró un cliente al negocio, mientras fue a atenderlo, le pidió a mi hermano que me mirara. Como se demoró un ratito, tuve tiempo de probar algo que venía pensando desde hacía un rato. ¿Qué pasaría si pusiera las agujas de tejer en los mismos agujeritos al lado de la cama, donde mi mamá enchufaba la plancha? Como me parecían del mismo grosor, solo tendría que cuidar de poner ambos juntitos y al mismo tiempo… Y así lo hice… en el exacto momento en que entraba mi hermano quien, lúcidamente, atinó a darme un patadón que me dejó estampada como un dibujito animado contra la pared de enfrente, salvándome probablemente de morir achicharrada.
Las superficies resbaladizas, que las hay en todos lados, se pueden recubrir en su parte inferior con simples tiras antideslizantes, para prevenir los tan temidos resbalones. Lo mismo que emplazar barandas, no sólo en el baño, sino en diferentes lugares estratégicos. Ahora son muy simples de colocar y no hace falta romper ninguna pared.
Los escalones o desniveles pueden causar problemas serios derivados de caídas, ¿por qué? Porque los escollos que nuestro padre habitualmente era capaz de evitar, al disminuirle los reflejos, puede no reconocerlos en determinados momentos, por ejemplo cuando se levanta de la cama, quizás bajo la influencia residual de algún medicamento. De ahí al piso, hay menos que un paso.
A medida que las disminuciones avanzan, es bueno ser flexibles también con la disposición de los muebles; muchas veces están estéticamente colocados, pero no resultan prácticos a la hora de su uso. Procuremos sillones cómodos, y que la altura del televisor no provoque dolores de cuello después de un tiempo prolongado de uso.
Un día fui a lo de Don Ramón a buscar a mi padre, y me pareció que había una corriente de aire dentro de su living.
–Hace frío –le dije–, ¿por qué no cierra la ventana?
–Porque he hecho un cálculo; si me pasa algo y tengo que salir al pasillo, mi vecino casi no escucha. En cambio, con la ventana abierta, como da a un patio central, alguien me va a oír si grito –dijo complacido.
¿Ve? Estos son los detalles que si hablamos con nuestros padres y nos ponen al tanto de sus temores, son fáciles de resolver. Un timbre conectado al encargado del edificio, o a un vecino, o a emergencias médicas, ahuyentarán sus miedos… ¡y los resfríos provocados por las ventanas abiertas!
Ahora hay servicios que ofrecen un sistema de cámaras para colocar en la casa, que monitorean todo lo que ocurre en los distintos ambientes. Es simple, y no es caro.
¡Eso es violación de mi intimidad!, dirán algunos. Desde ya que no será violación, ya que nuestro padre tendrá que estar de acuerdo. Además, el monitoreo se maneja desde la casa, de manera que él puede ponerlo en funcionamiento cuando se va a dormir, o en el momento que lo desee. Es, simplemente, una manera de estar conectados para casos de necesidad.
Hace poco encontré a una vieja vecina que tiene una magnífica casona en Belgrano, con una escalera de entrada tan empinada, que es casi intransitable, en medio de una tupida vegetación ¡Hermosa! Pero como Celia tiene setenta, me animé y le pregunté.
–¿Hasta cuándo pensás vivir sin ascensor?
–Quedate tranquila –me respondió con cierta ironía–. Hice construir mi casa en el country con los cuartos y baños abajo, desde ya con puertas anchas que permitan el acceso de una eventual silla de ruedas; y dejé living y comedor en la planta alta para vivir entre las copas de los árboles. Llegado el caso, miraré los árboles desde la planta baja, que igual tienen su encanto.
Para pensar
Con sólo anticiparnos a las disminuciones físicas que trae el paso del tiempo, podremos mejorar la calidad de vida en un porcentaje altísimo.
Le propongo que estemos dispuestos a ver lo que se viene; de esa forma, no sólo no nos tomará de sorpresa, sino que nos encontrará preparados física y espiritualmente para todos los cambios.
