Elia Toppelberg

Elia Toppelberg

Elia Toppelberg se graduó como Licenciada en Psicología en 1973 en la Universidad Nacional de Mar del Plata – Argentina

-Fue profesora universitaria y fundó el Departamento de Salud Mental del Hospital Solanet de la ciudad de Ayacucho-Provincia de Buenos Aires.

-Actuó como Asesora institucional y psicoterapeuta del Instituto de Menores Narciso Laprida.

-Fue Supervisora del equipo de Psicólogos del Instituto Nacional de Rehabilitación del Lisiado.

-Fue supervisora docente en el Centro de Estudios en Psicoterapia.

-Se especializó en temas de Longevidad, Tercera Edad y Asistencia al Enfermo Terminal.

Es considerada el principal referente en divulgación de temas de gerontología práctica. De sus 30 años de experiencia clínica y de una formación ecléctica surgió en ella la idea de volcar en un libro de auto-ayuda, sus vivencias ante el envejecimiento de su propia madre. El libro “Mi madre envejece…¿que hago?” fue publicado en enero del 2006 y es un best-seller que ya tuvo 6 ediciones. Luego publicó “Mi marido envejece…¿qué hago? que va por su 2da. edición, “Mi padre envejece…¿qué hago? y “Estoy  envejeciendo…¿qué hago?”. Su estilo franco de comunicación y sentido del humor la han convertido en la referente obligada en los medios de los temas de gerontología práctica. Actualmente se dedica a difundir en artículos periodísticos, conferencias, radio y televisión lo concerniente al “Boom de la longevidad” y los nuevos desafíos, ventajas e inconvenientes que nos trae la mayor expectativa de vida, gracias a los avances de la medicina. Ha publicado artículos y ha sido entrevistada por La Nacion, Clarín, CNN, Canal 13, Canal 11,  Radio 10, Radio Continental, Radio Nacional y otras. Ha dado charlas de extensión en la Universidad Barceló y en la Universidad de Belgrano.

En sus propias palabras Elia nos cuenta:

Ya a los doce años, en Mar del Plata, era socia del Club de Abuelos Felices. Mi participación consistía en tejer bufandas o mantas para los abuelos de un asilo de ancianos, al que nos enseñaron ya en aquel momento a llamar “Hogar de ancianos” y que visitábamos todos los meses llevando nuestra producción y las golosinas que conseguíamos por donaciones. Siempre tuve muy buena relación con los “viejos” y me sentía muy cómoda  ayudándolos en sus dificultades.

Lo que no sabía en aquel momento y aprendí luego, es cómo ir envejeciendo  con aceptación, goce y malos tragos. Tengo 62 años, y muchas experiencias personales ya más allá de la práctica clínica, consultoría, conferencias y talleres donde siempre interactúo con quienes participan y también me enriquecen. Me alivia comprobar que a la mayoría de nosotros nos pasan cosas similares y que es muy bueno no negar ni batallar contra el paso del tiempo, sino por el contrario aceptarlo con sabiduría y encontrar en él todo lo bueno que tiene.